sábado, 29 de julio de 2017

29 de julio. Ya no se abren bares como los de antes...

…Poco a poco, se van cerrando. Los Secretos fueron los primeros en ocupar el nº1 de Los 40 (cuando se apellidaban Principales) allá por 1987 con una canción que hizo fortuna, Quiero beber hasta perder el control. Comenzaba un buen año para abrir un bar. Y en mayo se hizo la luz en la calle Foso. Nacía el Cotton Pub.
Nada tenía que ver con el neoyorkino y ancestral bar al que Coppola rindió homenaje en forma de película. Pero ni falta que hacía. Aquella tarde de mayo del 87, el año en que arrasó Madonna con su Isla Bonita, nacía un pub, que así se llamaban este tipo de bares, casi al otro lado del Misisipi, como llevando la contraria a la lógica hostelera del momento.
Y han pasado tres décadas. 8 años bisiestos. 362 meses. 11.018 días desafiando esa lógica con éxito. El tiempo suficiente para adquirir la categoría de clásico.
Un bar, como los de antes, tiene que ser paño de lágrimas y escaparate de alegrías. Como el Cotton. Tener aspecto de reposo al caer la tarde, justo ese momento en que abre las puertas. Y lucir como un campo de batalla cuando ya las trompetas de la alborada anuncian el día y la hora del cierre. Porque el Cotton ha sido eso. Ha vestido de etiqueta en las noches más largas de Aranjuez.
La clientela ha ido cumpliendo años con el local y con sus dueños, Félix y Pepe, Pepe y Félix, herederos del “Tanto Monta…”, acompañados de una coletilla de la que nunca se podrán separar, “los del Cotton”.
En este bar, como los de antes, poner de beber y de comer ha sido un arte que siempre ha empezado por la vajilla. Aquí no se concibe una cerveza saliendo del saxo si no va a caer sobre un copa con lustre. No se escancia un whisky sin vestirle con la elegancia de un vaso de fiesta.
En este bar, como los de antes, beber ha sido un placer. Con los anaqueles repletos de género para elegir. Con las estanterías en modo museo del licor.
En este bar, como los de antes, cada noche queda la barra perdida de confidencias, de discusiones, de lágrimas, de alegrías, de conversación… de vida. Pero ahora se apaga la luz y caerán los últimos secretos inconfesables, esos que un buen camarero siempre escucha como si no lo hiciera.

Este bar, como los de antes, ya formará parte el lunes del manojo de los buenos recuerdos. Ya no se abren bares como los de antes, sólo se cierran. Gracias por todo y hasta siempre.

2 comentarios:

Lecter dijo...

Dioss mío. Me quedo de piedra.

carlomagno goenaga dijo...

hola me gustaria letra mas grande.gracias