martes, 16 de febrero de 2016

Hay noches

Hay noches cosidas con hilo de silencio, salpicadas de islas de penumbra en las que tenues luces se cuelan por las rendijas de las ventanas. Los barrotes antiguos sugieren miradas escrutadoras de peatones sospechosos que nadan en mitad de la soledad. Oídos que buscan ruidos invisibles de tacones inmersos en la persecución de un destino.
Hay noches que barruntan seda tras las persianas de la colmena. Allí donde ondea la bandera de piratas sin enseña. Una noche turgente por la que se escurren besos sin premura, en la que viven vasos con huellas de labios y trozos de hielo en despedida. En la que se escucha el rumor sencillo de vecindario en tránsito hacia otro día.
Hay noches de bullicio apasionado, de colores en juego, de aficiones de pago, de goles inconfesables. Noches en las que se oyen gritos camuflados de neón, en las que llueve sin paraguas, con toldos cansados y mesas vacías. En la que apenas hay una joven jugando entre volutas de humo, al borde del escalofrío, esperando que la noche agrande sus abrazos.
Hay muchas noches que marchan juntas y se visten distinto. Como líneas de luces paralelas que se cruzan sin saberlo. Rumores de gentes que las atraviesan con la rutina dibujada en sus pisadas. Y algún reloj, en algún recodo de aquellas noches, irá jalonando de campanadas el viaje hacia otra alborada en la que todas ellas serán ya de día.

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