


No hablan como Donald ni tienen tan mala uva como Lucas (bueno, no todos). Están por todas partes, los hay de un solo color y los hay que parecen un mosaico. Unos sestean adormilados por la nana del agua. Otros practican de mañana el vuelo sin motor por los alrededores. Y hay uno que mira de reojo, como sospechando, un tonel que trae el río no se sabe de dónde. Se pregunta desconfiado qué habrá dentro. Puede ser el tonel de Troya en el que se escondan un par de manos estranguladoras. La corriente era tan poca que nos fuimos sin llegar a saberlo. Mientras tanto, el pato seguía sin apartar la mirada.
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