
Se aplica este sobrenombre de felino a aquellos que nunca están contentos con las circunstancias. Es más siempre se muestran partidarios de lo contrario, aunque antes hayan dicho preferir lo que hay. O sea, como la gata Flora, que si se la meten chilla y si se la sacan llora.
El último ejemplo de gatoflorismo se está dando a cuenta del nuevo gobierno italiano. Gobierno de tecnócratas, se arguye como si eso fuese por sí mismo algo malísimo. En cambio, basta echar un vistazo al currículo de los once nuevos ministros de la república italiana y parece que el jefe de gobierno de allá se ha empeñado en dar gusto a los nuevos tiempos. Nuevos tiempos en que se denosta a la clase política. Pues bien, la primera reacción en los titulares de prensa es que se ha conformado un gobierno “sin políticos”. Y se escribe como a modo de crítica.
Políticos, se supone, podemos ser cualquiera ¿no habíamos quedado en eso? Aunque no todos estemos preparados para asumir siquiera una ínfima responsabilidad de gobierno. En Italia se han decantado por rebuscar en la faltriquera que guarda las mentes brillantes de probada trayectoria y han elegido a once. Algo que no parece malo. Por ejemplo, han puesto de ministro de Asuntos Exteriores a quien ha sido embajador de Italia en Israel y EE.UU., amén de representante ante la ONU. Han nombrado ministro de Desarrollo Económico al presidente del segundo banco italiano, algo sabrá del asunto, se supone. El nuevo ministro de Defensa es un almirante que viene desempeñando el puesto de presidente del Comité Militar de la OTAN desde 2008… Y así hasta el final, con ingenieros, abogados, catedráticos, etc. Cada uno de ellos con probados méritos en los suyo.
¡No son políticos! Es decir, no pertenecen a aparatos políticos de alguno de los partidos que en la bota italiana ejercen. O sea, que se da por descontado que no tendrán los vicios de los políticos militantes a la hora de gobernar. Que huirán de los brindis al sol tan acostumbrados en lo que se ha dado en llamar “clase política”. Por tanto, si tan desprestigiados están los políticos al uso, que pasen los “tecnócratas”.
Así pues, desde el próximo lunes también habría que ir pensando en darle una mano de pintura de parecido color al futuro nuevo gobierno español. Huyamos de los políticos y que quienes saben hagan el papel. A fin de cuentas si políticos podemos ser todos ¿por qué impedírselo a los “tecnócratas” con experiencia? Por probar…
Aún así, muchos serán quienes queden en entredicho. Ya no estarán de acuerdo con lo que ellos mismos pedían, porque decían no creer en los políticos. Son aquellos que claman por las listas abiertas y después no son capaces de reconocer ni a su alcalde aunque se den de bruces con él. Son como la gata Flora, a la que se le ve el plumero cada vez que hay tema.
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